México recibió 23,591 millones de dólares en Inversión Extranjera Directa (IED) durante el primer trimestre de 2026, una cifra que marca un récord histórico trimestral y representa un crecimiento anual de 10.4%, de acuerdo con datos de la Secretaría de Economía. Este resultado confirma que el país continúa consolidándose como uno de los principales destinos globales para la relocalización de cadenas de suministro, fenómeno conocido como nearshoring, que se ha convertido en el motor más dinámico de la economía mexicana en los últimos años.
De acuerdo con las proyecciones del Banco de México, el año 2026 marca formalmente el inicio del periodo de apogeo de la relocalización de cadenas de suministro, una ventana de oportunidad estratégica que, según las estimaciones oficiales, se extenderá hasta el año 2030. Durante este periodo, se espera que el nearshoring continúe capturando una proporción creciente de la inversión extranjera total que recibe el país, la cual actualmente se estima en 58% del total de la IED.
Para el sector empresarial mexicano, este flujo récord de inversión representa tanto oportunidades como retos. Por un lado, la llegada de nuevas plantas manufactureras, centros de distribución y operaciones de proveeduría genera demanda para empresas locales que puedan integrarse a estas cadenas de suministro como proveedores de segundo y tercer nivel. Por otro lado, la creciente competencia por talento especializado, terrenos industriales y capacidad logística en las regiones más solicitadas del país —particularmente en el norte y el Bájio— está generando presiones de costos que las empresas deben planificar con cuidado.
El desglose sectorial de la inversión recibida durante el primer trimestre de 2026 confirma que la manufactura sigue siendo el principal receptor de estos flujos, concentrando 41.2% de la IED total del periodo. Dentro de este sector, destaca de manera particular la fabricación de equipo de cómputo y componentes electrónicos, que captó 1,370 millones de dólares, un incremento anual de 58.7 por ciento. Este dato es especialmente relevante porque sugiere una diversificación de la base productiva mexicana más allá de los sectores tradicionalmente asociados al nearshoring, como el automotriz y el de autopartes.
El contexto histórico refuerza la magnitud de este fenómeno. México cerró 2025 con una IED récord de 40,871 millones de dólares, y el arranque de 2026 superó el máximo histórico para un primer trimestre, de acuerdo con datos citados por el observatorio México ¿Cómo Vamos? Esta tendencia de crecimiento sostenido en la captación de inversión extranjera, a pesar del entorno de incertidumbre comercial internacional, sugiere que los fundamentos estructurales que hacen atractivo a México para la relocalización de cadenas productivas —cercanía geográfica con Estados Unidos, costos laborales competitivos y una red de tratados comerciales consolidada— se mantienen sólidos.
Sin embargo, el panorama no está exento de riesgos. La revisión formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), programada para julio de 2026 conforme al Artículo 34.7 del acuerdo, representa un factor de atención obligada para las empresas que han apostado por México como plataforma de exportación hacia Estados Unidos. De acuerdo con especialistas del Consejo Mexicano de Comercio Exterior (COMCE), la revisión se perfila como un proceso técnico más que como una amenaza comercial de fondo, con los diálogos concentrándose en ajustes a reglas de origen, mecanismos de solución de controversias y disciplinas vinculadas a comercio digital y energía.
Kenneth Smith, presidente del Comité Bilateral México-Estados Unidos del COMCE, ha señalado que los indicadores económicos y la estructura productiva regional muestran que el acuerdo no enfrenta riesgos de colapso ni escenarios de retiro por parte de Estados Unidos durante el proceso de revisión. La expansión de inversiones asociadas al nearshoring, aunada a la relocalización de proveedores hacia México y Canadá, ha generado una red productiva que, según Smith, no puede revertirse sin generar impactos económicos profundos en toda la región de América del Norte.
Para las empresas mexicanas que buscan capitalizar esta ola de inversión, el mensaje central es que la ventana de oportunidad del nearshoring, aunque amplia, no es indefinida. Las estimaciones apuntan a un periodo de apogeo que se extenderá hasta 2030, lo que sugiere que las empresas deben acelerar sus planes de expansión, certificación de calidad y desarrollo de capacidades técnicas para integrarse a las cadenas de suministro de las multinacionales que están estableciendo operaciones en el país durante los próximos años.
Adicionalmente, los proyectos de inversión extranjera captados durante 2026 incluyen iniciativas de gran escala como la alianza entre Woodside Energy y Pemex para el desarrollo del campo petrolero Trión, así como la expansión de operaciones logísticas de gigantes del comercio electrónico como Amazon. En conjunto, México ha acumulado 52 proyectos de inversión extranjera durante lo que va de 2026, consolidándose como uno de los principales imanes de capital global en un contexto marcado por la reconfiguración de las cadenas de suministro internacionales.
Para el sector empresarial en su conjunto, el reto de los próximos meses será traducir este flujo récord de inversión extranjera en beneficios tangibles para la economía doméstica, a través de la generación de empleo formal de calidad, la transferencia de tecnología y conocimiento hacia proveedores locales, y el desarrollo de clústeres industriales regionales que puedan sostener el crecimiento del nearshoring más allá del actual ciclo de expansión.


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